• Primero y más evidente: Usa protector solar y además, elige un factor de protección que sea adecuado y se adapte a tu tipo de piel y a la intensidad de los rayos UVA. Estas primeras semanas, especialmente, utiliza un factor de protección solar alto (25, 30, 35 o 50).
  • No todos los protectores tienen un efecto inmediato, por lo que debemos esperar entre 20 y 30 minutos, entre la aplicación y tomar el sol. Todas las partes del cuerpo son importantes, pero asegúrate de aplicar crema en las áreas más sensibles a la luz como el cuero cabelludo, la cara, las orejas, el cuello, la espalda, el pecho y el dorso del pie.
  • Protección desde el interior. Las personas muy sensibles al sol pueden tomar vitamina d, c, y e, así como la acción de estímulo de la autoinmunidad con polypodium leucotomos, y antioxidantes como el licopeno o la luteína.
  • La exposición, mejor progresiva. Los primeros días toma el sol pocos minutos y ve aumentando el tiempo en días sucesivos. Con los niños, especialmente, debemos extremar las precauciones.
  • Utiliza gafas de sol con protección 100% frente a los rayos ultravioletas para así evitar las lesiones oculares. Por supuesto, es importante que las gafas estén homologadas y compradas en una óptica para evitar sorpresas.
  • Evita el sol en las horas centrales del día (de 12 del mediodía a 3 de la tarde).
  • Sécate bien al salir del agua. ¿Sabías que las gotas de agua actúan como lupas? Debemos secarnos bien, primero, y aplicar de nuevo la protección solar.

Si has leído mis consejos demasiado tarde, evita el contacto con el sol hasta que la quemadura haya sanado por completo y aplica cremas hidratantes especiales que ayuden con la cicatrización, ¡feliz verano!